Diseño de interiorismo y arquitectura para el espacio del restaurante Regadera (Córdoba)— LEBLUME.

Restaurante Regadera

Interiorismo & decoración

El universo Regadera

El interiorismo de Regadera ha sido un proyecto donde el trabajo en equipo ha resultado ser la clave para lograr los objetivos planteados. Lo más importante era dotar al espacio de una unidad y una personalidad acorde con los valores propios de la marca.

La marca Regadera es un proyecto que desarrolló Agencia SOPA. en 2011 junto con Adrián Caballero, el alma máter del restaurante, y su mano derecha, Vicky Guijo, para hacer un espacio singular, auténtico, fresco y muy rico. Así es como nació el antiguo restaurante que tenían en C/ Cruz de Castro, Córdoba, y que sirvió como punto de partida de este nuevo espacio.

Diseñar una marca como Regadera no es diseñar un logo, unos colores, unas cartas, unos mantelitos… sino crear un pequeño mundo ‘Regadera’ con sus propios lenguajes visuales y verbales.

El mundo Regadera es el de un restaurante que ama lo fresco, el buen producto, lo que da la tierra en cada temporada; que respeta con veneración lo tradicional, donde puedes comerte un exquisito rabo de toro o unas buenas croquetas, y que, sin embargo, todo está pensado a la forma fresca, nueva y rica de Adrián Caballero.

Un mundo fresco, auténtico y un poco loco, como una Regadera. Por eso lo llamaron así.

Para conseguir representar todo esto en el interiorismo y la decoración, se elaboró una receta bastante precisa con ingredientes propios de la cultura andaluza y cordobesa, como los patios, las casas blanqueadas con cal, lo artesanal o la luz, tan presente en Andalucía.
 
Como punto de partida, se hizo una selección de materiales naturales y autóctonos, como fibras naturales, cerámicas, maderas poco tratadas, metales forjados, etc., sobre un lienzo blanco, con mucha luz, para sentirse muy en Córdoba, dejarse llevar y disfrutar.
 
 
 

 
 

La cocina es, sin duda, el protagonista principal del restaurante, por eso se colocó en el centro y visible al público; todo ello aderezado con una selección de mobiliario que combina piezas tradicionales con otras más actuales, buscando un resultado elegante a la par que hogareño.
 
Para la guarnición usamos una variada combinación de objetos decorativos que le aportaran el toque fresco y alocado, como las macetas colgantes, los maceteros que giran o los fruteros de la barra, que se pueden regular manualmente haciéndolos más o menos cónicos.
 
 
Un pequeño mundo de objetos auténticos con esencia e historia, que se recuperan para reconvertirlos en pequeñas piezas de colección, quizá encuentres una vieja cafetera convertida en el tiesto de una planta de albahaca, unas cajas de madera que se utilizaban antiguamente para transportar la fruta y la verdura, unos maceteros que se rescataron de la reforestación de Doñana en los años 60, un banco de trabajo proveniente del sector de la joyería cordobesa o un chibalete de imprenta que data de 1921.
 
También se reutilizaron bastantes elementos del antiguo restaurante, que se replantearon para hacerles un hueco en el nuevo espacio, como el logotipo de forja, que anteriormente estaba en la fachada y ahora está en el interior, o las lámparas blancas de bola, que sirvieron para crear un pequeño jardín colgante.
 
 
Como remate para ligarlo todo, un buen chorreón de color verde fresco con algún tropiezo bermellón, y una buena colección de regaderas.
Una de las premisas era que resultara un sitio auténtico y muy natural, sin artificios. Por eso Regadera está lleno de plantas aromáticas, es casi un jardín, referencias a la cocina tradicional, a los buenos productos de mercado, y uno tiene la sensación de estar bajo una lluvia fresca de ideas gastronómicas.
 
El jardín vertical, por ejemplo, aunque esté basado en parte de la gráfica de la marca, puede entenderse como una revisión de los tradicionales patios cordobeses.
 
 
Uno de los protagonistas, sin duda, es la vegetación, casi toda comestible y que Adrián selecciona minuciosamente. Por eso, uno de los elementos principales del restaurante es el vivero, al que acuden constantemente para cortar cuidadosamente algunas flores y hojas comestibles con las que rematan cada comanda que sale de cocina.
 
 
Además, se plantearon diferentes espacios para que la experiencia de comer no fuera siempre la misma. En función de si vas en grupo o vas solo, puedes comer en un reservado con un ambiente mucho más íntimo, en una mesa compartida de 3 metros o en una barra con vistas a la rivera del Guadalquivir.